viernes, 26 de enero de 2018

Avatares de la relación maestro/discípulo

"Maestro y discípulo", por Bill Liger

Cinco errores a evitar en la relación con el maestro, por Fabrice Midal

La relación maestro-discípulo está en el corazón de muchos senderos espirituales y religiosos. Comparto este fragmento de un escrito de Fabrice Midal, enseñante budista francés contemporáneo, que si bien está dirigido primariamente al ámbito del budismo zen, plantea cuestiones que bien pueden reflejarse en contextos no budistas, a propósito de algunos de los riesgos que un planteamiento inadecuado que dicha relación pueden conllevar.

(El fragmento cuya traducción presento ha sido extraído del libro de Fabrice Midal “Pourquoi n'y a-t-il pas de chemin spirituel possible sans un Maître ?”, Editions du Grand Est 2009)

La tradición Zen posee esta del la máxima: “Si te encuentras con el buda mátalo”. El Buda no puede residir al exterior de si mismo. Olvidando que el Buda o el maestro son en primer lugar el espacio de la inteligencia que reside en si mismo, se hacen ídolos. El camino budista no consiste de ninguna manera en adorar al maestro como un ser extraordinario, sino en entrar en relación con él porque os muestre un camino que, conduciéndote cerca de ti, te trae al mundo.

Todos los errores de perspectiva vienen del olvido de que lo esencial está aquí. He aquí algunos.

Convertirlo en un ícono

El primer error es percibir al maestro a la manera que tienen los adolescentes de considerar su actor fetiche o su cantante preferido – un modelo con el que identificarse que les da seguridad sobre aquello que su existencia tiene de frágil e incierto. Está de un lado el héroe lejano, soporte de todas las proyecciones, y del otro uno mismo que está separado.

Esta idealización es un obstáculo a cualquier comprensión real del dharma. Se sorprendería mucho los adeptos de esta adulación al señalar cuanto en ella encierra de agresión en la contemplación de su objeto. Sin embargo, ¿que puede ser peor para un ser humano que extirparlo así de la esfera terrestre? Le es negada la menor posibilidad de existencia, se le condena al suplicio que se infringió a si mismo el rey Midas: todo lo que él tocaba se trasformaba en oro, para él no hay ni humor, ni error posible, ni humanidad. Lleno de ironía (o de perversidad) este despiadado aislamiento que es instituido reclama el amor más puro y es acompañado de declaraciones chillonas – desmentidas sin embargo solo por el tono de la voz que las pronuncia.

Recordemos que, en realidad, la relación al maestro consiste en deshacer toda tentativa de separarse de él y de las enseñanzas para descubrir la unidad primordial que existe entre él y nosotros.

Convertirlo en una especie de padre

Segundo extravío: percibir al maestro como aquel que tiene respuesta para todo y comportarse, a su lado, como un niño que rehúsa crecer.

He visto numerosas personas, en centros de meditación, que quieren ver a su maestro para preguntarle: "¿Tengo que comprar esta casa”, “Mi hijo no es amable, ¿qué debo de hacer?”, “Mi marido no quiere hacer lo que yo deseo ...”, o “¿Qué trabajo tengo que hacer?”. El maestro se convierte en profesor, consejero conyugal o financiero, psicólogo. Estas personas generalmente suelen finalmente irse, decepcionadas del dharma, sin darse cuenta de que no es una relación al dharma lo que ellas buscan.

La confusión con una figura paterna puede adoptar formas más complejas a poco que una herida narcisista profunda les haga pantalla. La relación afectiva toma entonces para el estudiante un lugar desmesurado en una modulación dramática desplazada. Una confusión así se superpone a todos los planos, impidiendo poder distinguir verdaderamente lo que es del orden neurótico – de una relación pues puramente fantaseada – del juego viviente de la realidad.

Más complicado todavía: algunos buscan asegurarse sobre el amor del maestro, o cuando menos de un lugar, manifestando la más completa sumisión hacia él, abandonando su propia decencia, y esperando amarrarlo así.

Recordemos que el maestro no está ahí para infantilizar a sus estudiantes sino, al contrario, para empujarles a asumir sus propias responsabilidades, a tomar su propias decisiones. No está para responder a todas las preguntas, sino para permitir arriesgarse a ser más libres.

La falta de reconocimiento

El tercer error consiste en considerar al maestro según lo que él os aporta. Tomáis aquello que os gusta, dejáis aquello que no os conviene – sin verdadero reconocimiento hacia él y sin tomar en serio sus instrucciones. Dicho de otra forma, acaparáis la experiencia de la apertura que hacéis conceptualizándola para insertarla en vuestro sistema de pensamiento. Más o menos consciente y sistemática esta actitud apunta a atrapar o rechazar vuestra vulnerabilidad y lo incognoscible propio de toda experiencia. Os separáis así de vuestro propio corazón en lugar de dejarlo llorar – como se dice de que “la viña llora” cuando en primavera la subida de sabia hace llenarse de gotitas los sarmientos.

El maestro no es un bibliotecario que os da el libro que habéis reservado, el os trasmite su propia experiencia, su propio camino, su corazón. Sin responder a esto, sin desarrollar una forma de reconocimiento y de ardor, es imposible en el fondo oír y vivir la enseñanza. Solo la gratitud corta el egoísmo y os une al maestro.

Viendo como el maestro esta él mismo al servicio de la situación, como constantemente busca ayudarnos, se pone de manifiesto que la relación más adecuada a mantener con él es servirle a nuestra vez – es decir servir la visión que lo inspira. Se participa entonces al mismo destino.

La posición histérica

El cuarto callejón sin salida es la histeria. La persona histérica se maravilla de la existencia del maestro, le canta alabanzas, cae desmayada ante su presencia. Puede incluso lograr hacerse pasar por un modelo, por el ejemplo del estudiante perfecto, hacer que alrededor de ella nadie se sienta a la altura. Solo ella sabe de lo que él tiene necesidad, solo ella lo ama. Pero la intensidad pasional en la que está atrapada no tiene nada que ver con una relación autentica. El histérico no busca de ninguna manera encontrar la persona del maestro, no tiene nada que hacer con su enseñanza – incluso si puede tener necesidad de imaginarlo grandioso y de decirlo. “Lo que la histérica quiere, explica Lacan, digo esto para aquellos que no tienen vocación, debe ahí de haber muchos – es un maestro. Esto es de todo punto claro. Es incluso la cuestión que hace falta plantearse de si no es de ahí de donde parte la invención de un maestro. Ella quiere que el otro sea un maestro, que sepa muchas cosas, pero igualmente que no sepa bastante para no creer que ella es el precio supremo de todo su saber. Dicho de otra manera, quiere un maestro sobre la que ella reine. Ella reina, y el no gobierna.”

Lo que puede ser que tema por encima de todo una persona así, es ser amada, y que de esa forma el dharma se convierta en real – pues el dharma es el espacio del amor liberado y benevolente. Su actitud apunta a preservarla de la posibilidad de ser alcanzada y hecha, por el amor, vulnerable. En su figura más terrible, la histérica quiere ser la Ley, atraparla, poseerla. Lo cual es propiamente imposible. Es por esta razón la antípoda del maestro – que es la Ley por que sabe que es ella quien le sostiene y en lo que consintió.

Creer que el maestro sabe

Otro gran error, paradójico a primera vista, es creer que el maestro detenta un saber definitivo. Verdaderamente el maestro no sabe nada. Pensar que el maestro detenta un saber que os haría falta es un forma de necedad. Verdaderamente nadie, absolutamente nadie, puede saber cualquier cosa. Esta es una de las más profundas verdades humanas.

Se pueden saber cosas – que París es la capital de Francia, que 2 y 2 son cuatro – pero en cuanto a lo esencial, en cuanto a la existencia misma, en cuanto al “gran asunto” de la vida y la muerte del cual habla el Zen, ningún saber del orden de la certeza es posible. Pero como una verdad así es abisal, espantosa, para obtener seguridad se proyecta sobre el otro la posesión del saber. Se huye así de nuestra propia finitud, allí donde el camino consiste en reconocerla y en tener nuestra oportunidad.

Cada vez que considero que alguno “sabe”, estoy al punto de ilusionarme. Nadie sabe, Reconocerlo, hacer el duelo del hecho de que otro sepa por mi, está en el centro del camino budista.

Es posible exponer esto de otra forma: lo que el maestro sabe, realmente lo sabemos también nosotros – simplemente lo hemos perdido de vista. Pero la prueba de que lo sabemos es que tan pronto como lo dice, reconocemos su proposición como verdadera. ¿Cómo podríamos reconocerla si no la conociésemos ya?

No teísmo

Los cinco callejones sin salida descritos aquí se sostienen todos sobre la dificultad en articular correctamente al maestro externo – el ser humano que encontramos – y el maestro interno – la sabiduría que espontáneamente existe en nosotros. El papel del primero es liberar al segundo, incitarlo a manifestarse en la vida de sus estudiantes. Este lugar corta de cuajo el riesgo de hacer del maestro un ídolo -y el budismo, como toda tradición espiritual, está enteramente apuntalado sobre la preocupación de evitar a cualquier precio este riesgo fatal.

El maestro no está fundamentalmente fuera de vosotros. Lo encontráis a la vez como persona y en la apertura que ya está en vosotros – y que él os muestra. La verdadera relación con el maestro consiste, por esta razón, en uniros a él, en ser Uno con él – y de ninguna forma en colocarlo al exterior de vosotros como un héroe o un dios. Esto es incluso lo esencial de la relación a Buda en la tradición no-teísta que es el budismo. Ningún Dios, ningún salvador.

El sentido de la práctica es comprender que nosotros no estamos jamas separados de la apertura que nos ha presentado el maestro. Ella reside en la palma de nuestra mano. La relación con la persona del maestro es entonces más simple, ni idolatría ni voluntad de posesión sino amor simple y benevolente.

viernes, 19 de enero de 2018

Bajo distinto prisma


Pintura: David Choe

Por Juan Manuel Otero Barrigòn // La figura del líder es la clave para entender el funcionamiento de todo grupo sectario abusivo. Los miembros de los grupos sectarios están siempre más primariamente prendados del líder que de la ideología, que va a ocupar un rol secundario. Esto es algo que muchos estudios sociológicos y antropológicos contemporáneos sobre el tema no tienen en cuenta, sobre todo cuando centran sus esfuerzos, valiosos por cierto, en defender la legitimidad de las heterodoxias frente a la cultura oficial dominante. Focalizan un aspecto del fenómeno que los profesionales de la salud vemos bajo otro prisma. De ahí que muchos sostengan que el concepto de "secta" es obsoleto y poco académico. Quizás lo sea, y de hecho, muchos profesionales de la salud apelan ya a otros significantes. Pero lo cierto es que lo que antropólogos, sociólogos y psicológos entienden por la categoría "secta", diverge en su significado y alcance. Para la psicología, la relación líder/grupo es fundamental, indicativa del principal vector de análisis que nos ocupa. De allí que no interese la legitimidad social que un grupo tenga, su número de integrantes o las características de su doctrina. Cuando hablamos de grupos sectarios abusivos, nos importan los métodos y las dinámicas que emplean, y no lo que los grupos humanos, en su libertad de conciencia, eligen creer. 

viernes, 5 de enero de 2018

Los peligros del fanatismo intransigente


por Alberto Soler Montagud

Podríamos definir a los fanáticos intransigentes como aquellos que se aferran a sus convicciones (religiosas, políticas, tradicionales, culturales y hasta deportivas) con un énfasis rayano en lo patológico por su sordera ante el criterio ajeno, su incapacidad para dialogar y su tendencia monotemática a hablar siempre de y desde su credo aunque el tema no lo requiera. Obstinados hasta la exasperación, los fanáticos intransigentes hacen extensiva su obsesión a cualquier faceta de sus vidas, son insoportablemente reiterativos y también propensos a sentirse atacados cuando se les rebate.

El fanático intransigente se adhiere a su causa sin oponer trabas ni condiciones. Acata sin rechistar las mentiras con las que es captado y, en casos extremos, es hasta capaz de matar o morir por las ideas imbuidas en el disco duro de su raciocinio.

Sin duda, los fanatismos más peligrosos son el religioso y el político, dos paradigmas de la intransigencia en los que una supuesta moral en el primer caso, y una argumentación racional basada en mentiras y promesas en el segundo, conducen a las masas a una ceguera y una sordera selectiva que sólo les permite ver y escuchar lo que aceptan como dogma y única verdad.

Históricamente, la religión y la política han sido fuente frecuente de fanatismos arquetípicos capaces de convertir a hombres y mujeres libres en esclavos de las normas que unos sectarios e inteligentes adalides introyectan en sus mentes. El resultado, en el mejor de los casos, son conflictos sociales que dividen a la sociedad (e incluso a los microcosmos familiares) en dos sectores contrapuestos, y en el peor el inicio de un conflicto bélico. Todo se complica y agrava cuando el fanatismo religioso y el político van unidos (como es el caso del terrorismo suicida yihadista), pues las consecuencias pueden ser espeluznantes.

Pero sin necesidad de llegar a tan dramáticas confrontaciones, cuando en una sociedad regida por unas normas de convivencia irrumpe un fanatismo enarbolando la premisa de «estás conmigo o contra mí», es fácil que se rompa el equilibrio entre lo racional y lo emocional, y que personas sensatas e inteligentes se transformen de pronto en una suerte de trastornados abducidos por los delirios de un iluminado (y su organizada cohorte) que les contagia sus fantasías y les promete un Nirvana que su razón jamás admitiría, aunque su yo emocional lo recibe con los brazos abiertos.

Un signo de alarma de que algo así pueda estar sucediendo en una colectividad es la proliferación masiva de individuos obsesionados con una quimera, personas hasta entonces razonables que de pronto exigen un imposible desde la realidad paralela donde se instalan, personas que consideran sus ideas innegociables y que se sienten amenazados por enemigos imaginarios cuando se les contradice. Esta metamorfosis en la percepción de la realidad es el resultado de una manipulación sectaria orquestada por unos lideres con ínfulas de grandeza y hegemonía (también percepciones paranoicas de ser oprimidos o invadidos en sus derechos) que impulsan a las masas a cometer actos de insumisión, haciéndoles creer que ellos (y no quienes sufren las consecuencias de su locura) son las únicas víctimas.

Texto publicado originalmente en http://www.levante-emv.com

viernes, 22 de diciembre de 2017

Desvaríos


Por Juan Manuel Otero Barrigón // Algunos charlatanes que pululan por los medios no pierden ninguna oportunidad para involucrar "sectas" inexistentes en cuanto crimen, delito o misterio sin resolver se suceda por ahí. Lo hacen sin ningún tipo de formación en salud mental, experiencia, o estudio serio e interdisciplinar sobre un tema tan complejo, sino tan sólo partiendo de sus convicciones militantes y experiencias personales, que son siempre parciales y subjetivas.Lamentablemente, suelen tener mucho eco en espacios ávidos por el escándalo fácil y recelosos de lo que apunte a promover reflexiones más profundas sobre la realidad. Apelan a una prédica incendiaria para llevar agua para su molino, que no es sino el llamado a la sanción de una "urgente y necesaria ley antisectas que proteja a la población frente al accionar de grupos que cometen delitos aberrantes", y otros eslóganes tremendistas de ese estilo. Si no tienen pruebas de la relación entre los hechos que denuncian y el fenómeno sectario, no importa, la inventan, o cuando menos, la sugieren. Banalizan con su catastrofismo, y con sus ansías de figurar, un tema que para ser entendido, necesita ser abordado desde distintas aristas. Y abren la puerta a la caza de brujas de aquellos que no piensan como ellos, invistiéndose además con el rol de determinar, cúal grupo es sectario, y cúal no. Es decir juegan, como "representantes antisectas", un juego parecido al que denuncian, confundiéndose frecuentemente con sus enemigos.

viernes, 8 de diciembre de 2017

La atracción de los grupos abusivos


Recomendado corto animado, con voz y guión de Janja Lalich (estudiosa y profesora en sociología en la California State University), respecto a las principales razones que explican el atractivo de los grupos sectarios abusivos.   

viernes, 17 de noviembre de 2017

La mística del ocultamiento

David Brandt Berg, fundador de "The Family International", y maestro en el arte del ocultamiento

Por Juan Manuel Otero Barrigón // Muchos líderes de culto tienen perfectamente asimilado un principio básico de la psicología social: la distancia física equivale a distancia psicológica. Juegan a calibrar, en base a ello, una distancia calculada respecto tanto de sus seguidores, como así también, de la misma cotidianeidad, con sus complejidades, dificultades y problemas. Esto los preserva no sólo de quedar expuestos ante la mirada de los demás frente a eventuales traspiés o equivocaciones, que como todo mortal, pudiesen tener; sino que por otro lado, permite revestirlos  de un aura especial, devenida como fruto de su alejamiento de las situaciones mundanas. El líder abusivo procura mantenerse siempre a un prudente margen de la realidad, cultivando un halo de misterio, secreto y santidad, que consolida su carisma, y acentúa su condición de "ser alguien especial", alejado de las banalidades, en contraste con la mayoría de los mortales. Esto se hace más evidente, incluso, en aquellos casos en los cuales el grupo (a instancias del líder) tiene establecidos "rituales" especiales celebrados en días y horarios concretos, en los cuales los discípulos pueden tener contacto directo con su maestro (físico, o al menos, visual),  para luego retornar este a su ostracismo místico. Logra despertar, con estos encuentros dosificados, todo tipo de fantasías entre los miembros del grupo, que lentamente comienzan a valorar esos escasos momentos compartidos como verdaderas teofanías con las que orgullosamente se sienten bendecidos. Algunos líderes llevan esta técnica más lejos, para establecer contacto con sus seguidores sólo mediante correspondencia, o a través de intermediarios, acentuando así, aún más, su condición cuasi divina. Sin embargo, esto último no es lo más común. Lo esencial, cualquiera sea el grado de lejanía que el líder cultive respecto de quienes lo sigan, es enfatizar, en todo momento, la inmensa distancia que separa su status del de las demás personas, al tiempo que consolidar, entre sus seguidores, la condición privilegiada que supone formar parte, junto a él, de una misma comunidad de elegidos. 

viernes, 3 de noviembre de 2017

Totalitarismo e Imaginario

(hacer clic en la imagen para ampliar)

"El sujeto ideal del dominio totalitario no es el nazi convencido o el comunista convencido, sino personas para quienes la distinción entre hecho y ficción (es decir, la realidad de la experiencia) y la distinción entre lo verdadero y lo falso (es decir, las normas del pensamiento) ya no existe".

Hannah Arendt, "Los orígenes del totalitarismo" (1951)

viernes, 27 de octubre de 2017

Historias (1): las zapatillas de Heaven´s Gate


Entre las zapatillas que todo el mundo recuerda de su infancia no están las Nike Decade. Pero debe de haber algo detrás de ese modelo para que alguien sea capaz de pedir 6.000 dólares por unas, Frank Ocean le haga un guiño en uno de sus vídeos y se siga hablando de ellas casi 25 años después de su lanzamiento. Lo cuenta Kike Marina en el suplemento Tentaciones del diario español El País.

Todo comienza en 1997 cuando una pareja busca al encargado de unos almacenes de North County, San Diego, para pedirle 40 pares de zapatillas iguales. No necesitaba un producto demasiado técnico, la Decade era barata y podía conseguirse en grandes cantidades. Pagaron algo menos de 15 dólares por cada zapatilla y se llevaron tantas como pudieron; el resto serían enviadas directamente a una dirección que indicaron y que nadie en la tienda conocía, Rancho Santa Fe.

- Son muchas zapatillas ¿son para un equipo?

- Algo así.

No podían esperar mucho. Además de las zapatillas, debían comprar camisetas, pantalones negros, mantas y contratar un seguro contra abducciones. En unas semanas se acercaba a la Tierra el cometa Hale-Bopp, que según Marshall Applewhite escondía en su cola una nave alienígena que recogería las almas de unos pocos elegidos.

Aquellos dos tipos que buscaban 40 pares de Nike eran seguidores de Applewhite y estaban preparando el mayor suicidio colectivo de la historia de Estados Unidos. Marshall Applewhite, conocido como Do, lideraba una comunidad en un primer momento conocida como Iglesia Célibe para Erotómanos Anónimos que llegó a proponer la castración como método para acabar con las desigualdades. Todo en la comunidad era exactamente igual, desde el corte de pelo hasta el tamaño de los desayunos.



Gran parte de la vida de la comunidad se abastecía con donaciones de los miembros, que trabajaban para empresas externas. Una de las tareas por las que eran reconocidos era la creación de páginas web, algo que en 1997 era una muestra de apuesta por el futuro y que ha facilitado que las ideas de Applewhite sean conocidas hoy día; la página web del grupo sigue activa hoy día, exactamente igual que entonces. Ninguna empresa externa comunicó acciones extrañas en el desarrollo de sus trabajos. O al menos, nada que no suelan hacer los encargados de diseños de webs.

Las teorías de Applewhite mezclaban lecturas bíblicas con ciencia ficción clásica; sus enseñanzas iban del Apocalipsis a Arthur C. Clarke (el escritor, aunque hay un meteorito también llamado así que sería igualmente digno de Applewhite). Los extraterrestres se comunicaban con él a través de Star Trek, de donde venía parte del imaginario visual del grupo. Uniformados, los parches “Heaven´s Gate Away Team” les identificaban como miembros seleccionados para una misión importante, sus almas serían recogidas por una nave extraterrestre mientras los cuerpos, que ellos entendían como meros contenedores, debían quedarse en el rancho Santa Fe. Los cuerpos y las zapatillas, claro. Sus almas ascenderían (permítanme el condicional) en un nave extraterrestre para llevarles a un nivel superior de la evolución humana.


El 22 de marzo de 1997 el primer grupo de seguidores comenzaba el ritual que acabaría con sus vidas. Divididos en secciones, cada grupo se encargaba de eliminar rastros y tapar a los fallecidos con una manta morada antes de seguir ese mismo camino. Applewhite acabó con su vida o ascendió de nivel el 26 de marzo, una fecha que muchos relacionarán con otro gran evento relacionado con las zapatillas. El día siguiente las portadas hablaban del mayor caso de suicidio colectivo en la historia de Estados Unidos acompañado de fotos de aquellas zapatillas. Nike prefirió retirarlas del mercado antes de que comenzara la carrera por el morbo.

Saturday Night Live hizo su propio sketch mezclando el suceso de Heaven´s Gate con anuncio de Nike. Las referencias llegaron muchos años después hasta Family Guy o el mencionado clip de Frank Ocean. En 2007 Nike contactó con el skater Todd Jordan para ofrecerle una versión especial de la Dunk, una zapatilla de baloncesto que Nike había introducido en el skate. Sin explicar demasiado, Jordan eligió morado y negro por uno de sus primeros recuerdos asociado con las zapatillas. Nadie en la marca supo el verdadero motivo por el que Todd Jordan había elegido negro y morado hasta que alguien de prensa se lo preguntó en una entrevista. Aquellas zapatillas Nike negras, esa manta morada. Cuando saltó la noticia de que iban a ponerse a la venta unas zapatillas inspiradas en un suicidio colectivo, Nike las retiró del mercado.

Fuente: El País

viernes, 20 de octubre de 2017

Integrismo, fundamentalismo y fanatismo


"Integrismo, fundamentalismo y fanatismo", por Xavier Ternisien

En un momento en que el islam es sospechoso de estar intrínsecamente imbuido en todos los excesos, no es malo recordar que dos palabras, entre las más gastadas en la retórica de la demonización, vieron la luz en el interior de la esfera cristiana: el fundamentalismo y el integrismo. Una prueba –si fuera necesaria– de que ninguna religión es inmune al fanatismo.

El “fundamentalismo” nació en los Estados Unidos en el contexto del protestantismo. En 1919, los pastores presbiterianos, bautistas y metodistas fundaron la World’s Christian Fundamentals Association, para defender los puntos de la fe que les parecían “fundamentales”. Sostuvieron en particular una interpretación literal de la Biblia. Tomando al pie de la letra el relato de la creación del mundo en seis días en el Génesis, rechazaron las teorías de Darwin sobre los orígenes del hombre y sobre la evolución.

La palabra “integrismo” hizo su aparición en Francia, en el mundo católico. En 1907, el papa Pío X condenó en la encíclica Pascendi el “modernismo”, una escuela de pensamiento que reivindicaba el examen de los datos de la fe a la luz de las ciencias y de manera autónoma. Los adversarios más violentos de los modernistas se definieron como católicos “íntegros” porque defendían la “integridad” de la fe. Así fueron señalados por sus adversarios con el nombre de “integristas”.

En el contexto del catolicismo, el integrista es aquél que reclama para sí “la tradición”, es decir, un vasto cuerpo doctrinal incluyendo a la vez las Escrituras y su interpretación fijada por la autoridad de los padres y los doctores de la Iglesia, los concilios y los papas. Podríamos decir que el integrismo fija, en un momento determinado, la interpretación de la Revelación. Por el contrario, hay en el fundamentalismo una voluntad de regreso a las fuentes, a una pureza original de la fe que se encontraría en las Escrituras, liberada de los matices de la tradición. De cierta manera, el fundamentalismo niega la mediación de una autoridad religiosa –clero, Iglesia, doctores de la ley– que interpone habitualmente una llave de interpretación entre el creyente y el texto revelado.

El concepto “fanatismo” es más antiguo pues se remonta al siglo XVII. Pero es en el siglo siguiente, en la “era de las luces”, que conoció su hora de gloria. La palabra viene de fanum, que significa “templo” en latín. Así, designa una actitud religiosa. Voltaire denunciaba este “hijo desnaturalizado de la religión”. Hay en el fanatismo una noción de exceso: el fanático es “animado por un celo exagerado por la religión”, según Littré.

Todos estos términos tienen, por lo tanto, una historia. Su transposición en otra época y, a fortiori, en la esfera de otra religión plantea inmediatamente un problema metodológico. A finales de los años setenta, los que llamamos orientalistas –arabistas en su mayoría y que abordan el hecho musulmán a partir del ángulo religioso– tienen que recurrir al concepto de “integrismo” para describir las evoluciones del mundo musulmán, agitado por la revolución iraní. Maxime Rodinson le da la definición siguiente “Aspiración de resolver en medio de la religión todos los problemas sociales y políticos y, simultáneamente, restaurar la integralidad de los dogmas”.

La dimensión política mezclada con la religiosa está presente en esta definición de integrismo. A inicios de los años ochenta, se produjo un vuelco mayor en los estudios sobre el islam cuando los especialistas en ciencias políticas asumen el hecho musulmán desde las herramientas de la sociología. De esta manera, forjan el término “islamismo”. En su libro aparecido en 1987 (L'Islamisme radical, editorial Hachette), Brunno Etienne vulgariza el concepto de “islam radical” con esta justificación: “Yo lo tomo en el sentido primero del término, la doctrina del islam en su raíz, y en el sentido americano, el islam políticamente radical, casi revolucionario”. El islamismo (o el islam radical) es, entonces, concebido como una ideología, un proyecto de sociedad que mezcla íntimamente las dimensiones religiosa, social y política.


Marca de estigmatización
Desgraciadamente, la palabra nos conduce a una confusión, en el amplio escenario, con el adjetivo “islámico” que significa en sí mismo “relacionado con el islam”. Este desliz de sentido es vivido por los musulmanes como una marca estigmatizadora: una librería islámica no es forzosamente islamista… Con todo, Olivier Roy subraya que los dos adjetivos “musulmán” e “islámico” no son siempre sinónimos: “Utilizo el término ‘musulmán’ para designar lo que está relacionado por un hecho (‘país musulmán’: país donde la mayoría de la población es musulmana) y el término ‘islámico’ para lo que está relacionado por una intención (‘estado islámico’: estado que hace del islam el fundamento y su legitimidad)”.

Hoy, los especialistas que constantan el declive (Gilles Kepel) o el fallo (Olivier Roy) del islam político recurren a nuevos conceptos para llevar revista de la evolución de las sociedades musulmanas: hablan de “post-islamismo” o de “neofundamentalismo”. Así pues, para Olivier Roy, el movimiento talibán puede ser calificado de “neofundamentalista”, en el sentido que se le da por la charia, el regreso a la literalidad del Corán, y a la sunna, pero que no tiene que ver con un proyecto político coherente.

Estos análisis son contrastados por múltiples islamólogos, como François Burgat y Alain Roussillon. Ellos reprochan a los politólogos haber recubierto el mundo musulmán de conceptos forjado por la sociología política occidental. Ellos habrían de alguna manera “inventado” o “construido” la categoría de islamismo, antes de profetizar su declive… Pero esto es lo que Olivier Roy replica: que los actores del islamismo, como el imán Khomeiny, han usado ellos mismos categorías políticas de origen occidental (este debate es expuesto en la revista Esprit, agosto-setiembre 2001).

Él sigue pensando que un cierto número de términos como “integrismo” o “fanatismo” están marcados por el contexto polémico que las vio nacer. Son peyorativos y desafiados como tales por aquellos a quienes se dirigen. Uno es siempre el integrista del otro… Los conceptos deben manejarse con prudencia. A veces pueden ser más peligrosos que las armas.

-Traducción: Hanzel José Zúñiga Valerio

viernes, 13 de octubre de 2017

Invitación


Curso introductorio de un (1) día. Requisitos de inscripción pueden solicitarse a religareredbsas@gmail.com o bien, a jmobarrigon@gmail.com

Programa del evento disponible en: http://psiembra.com.ar/articulo.asp?idarticulo=127

viernes, 6 de octubre de 2017

Miopía espiritual


Miopía espiritual, por Miguel Pastorino

Vivimos tiempos donde se ven por todas partes, posturas radicalizadas, fundamentalistas y fanatismos de toda índole. En la política, en la religión, en el deporte, en la educación, y en un sinfín de ámbitos de la vida social nos encontramos con una atrofia del pensamiento, que enferma a las personas e impide el diálogo social y la construcción de miradas más amplias sobre la realidad.

Muchos filósofos y analistas sociales coinciden en que el clima de nuestra época está marcado por la búsqueda de seguridad, de certezas y de identidad. Crecen toda clase de grupos intolerantes que se aplauden a sí mismos y no escuchan a quien tenga un matiz de discrepancia; hablan para sí mismos y para convencer a sus ya convencidos. Esta clase de fanatismos se ven tanto en política como en religión.

El fanático no soporta la idea de que el otro sea diferente o piense distinto y pretende con sus actitudes, salvarle de su equivocación. El fanático no tiene capacidad de autocrítica, no toma distancia de su modo de ver las cosas, ni de sus ideas.

El fanatismo es definido por el filósofo Francesc Torralba como “miopía espiritual”, porque se confunde la propia percepción de la realidad con una verdad universal que debe ser aceptada por todos.

Algunos fanatismos también se disfrazan de tolerancia y apertura, cuando en realidad imponen un relativismo dogmático que no acepta ningún disenso, porque no pueden aceptar que alguien defienda sus ideas o que tenga algunas certezas que esté dispuesto a defender. El relativismo dogmático es hijo del miedo, igual que el fundamentalismo, porque teme del diferente, teme que no pensemos todos de la misma forma. Por eso, aunque algunos grupos sean más fácilmente identificables con actitudes fanáticas, muchas veces quienes los critican con una agresividad injustificada, manifiestan la misma miopía, el mismo fanatismo que no acepta la diferencia.


Cuando nos encerramos en el fanatismo, olvidamos algo fundamental para el crecimiento personal y el progreso social: tener cerca a alguien que piensa distinto o en contra de lo que pienso, me enriquece, hace crecer y me obliga a pensar. Convivir con la diferencia nos obliga a repensarnos, a revisar nuestras convicciones, a pensar críticamente, a salir de nuestra comodidad, a ver con otros ojos la misma realidad.

Cuando pensamos que los demás, por la simple razón de pertenecer a otro partido político o a otra religión que no sea la mía, no tienen nada para aportarme, no dicen nunca la verdad, no tienen nunca razones que deban ser escuchadas, son siempre “sospechosos”, estamos ante la demonización del otro. Solo a través del diálogo y la comprensión del diferente podemos crecer como personas capaces de pensar libremente y de escuchar realmente a los demás.

La miopía espiritual en los cargos directivos

Cuando se tiene que liderar equipos o gobernar una institución, un peligro creciente es la estrechez mental que excluye la crítica externa, que no escucha a los que piensan distinto, que evita el disenso de todas las formas posibles, aunque venga de colaboradores y amigos que ofrecen su ayuda.

Cuando nos toca dirigir en una organización convivimos con muchos puntos ciegos que nos impiden ver la realidad y nos obstaculizan una lúcida toma de decisiones, haciendo que cualquier gestión se vea perjudicada en su eficiencia. Y es que cuando nos escuchamos solo a nosotros mismos y nos rodeamos de los que nos dicen a todo que “sí”, no nos cuestionan nada y se vuelven una prolongación de nosotros mismos, se atrofia la visión y se pierde la posibilidad de crecer.

La miopía espiritual en las instituciones se manifiesta cuando los que tienen que gobernar se rodean de los que los adulan y aprueban, alejándose de cualquier posibilidad de autocrítica, esquivando a todos los que puedan cuestionar el modo en que se hacen las cosas. A los “críticos” se les discrimina y se les trata de “neutralizar”, calificándolos como desleales o “infiltrados”, aunque sean los únicos que nos ayuden a pensar con mayor lucidez.


Progresivamente se pierde la perspectiva, y si en el peor de los casos, quien manda tiene baja autoestima, no soportara ninguna clase de sugerencias, salvo que confirmen sus propias ideas y obsesiones.

La dependencia económica es un factor que también fomenta esta miopía de quienes dirigen. Cuando los ingresos dependen de no hacer enojar al jefe, no se dirá lo que se piensa. Un ejemplo de ello puede verse en asesores políticos u organizacionales. Existen muy buenos equipos consultores, pero no siempre son independientes. ¿Cuántas veces quienes asesoran se limitan a aspectos técnicos sin cuestionar la visión de quien le contrata? Porque difícilmente uno escuchará asesores que le digan que está equivocado. Y es que escuchar todas las críticas supone cuestionar el propio desempeño y la propia visión.

El gran peligro de un liderazgo con esta miopía es que la organización que dirige se vuelve un anexo de su propio ego y no podrá ver más allá de sí mismo, creyendo que ha sido eficaz solo porque ha realizado sus propios caprichos sin ninguna demora.

Antídotos contra el fanatismo

Una de las cosas que pueden encontrarse en las actitudes fanáticas es la falta de alegría y de sentido del humor con los propios proyectos. Por ello el primer antídoto contra el fanatismo es el humor. Es muy sano para no vivir siempre enojado porque existen otros que piensan distinto. El humor nos ayuda a reírnos de nosotros mismos, a relativizar cosas que deben matizarse, y a vernos con una mirada más amplia.

Un segundo antídoto es aceptar al otro tal como es, sin querer que sea distinto ni que piense distinto, sino dejándolo ser, nos hace salir del propio hermetismo ideológico en el que muchas veces podemos vivir cómodamente. Aceptar al otro nos devuelve la paz que hemos perdido por no aceptar la realidad tal como es, y nos enriquece.

Aprender de los grandes maestros de la espiritualidad, porque los hombres y mujeres de todos los tiempos que marcaron el progreso filosófico, espiritual y cultural de la humanidad, fueron comprensivos y receptivos a escuchar lo distinto, dialogaban con todos sin excluir a nadie y estuvieron siempre dispuestos a repensarlo todo, sin miedo a equivocarse, sino conscientes que es necesario salir del propio ego para encontrarse realmente con el otro. Y es que quien está dispuesto a aprender, está dispuesto a escuchar y a cambiar.

Fuente original: Aleteia

viernes, 29 de septiembre de 2017

Evaluación escindida del accionar abusivo


Por Juan Manuel Otero Barrigón // Una vivencia muy común en aquellos que han sido sometidos a dinámicas de abuso psicológico y manipulación emocional consiste en alternar momentos de intenso enojo y reproche hacia el agresor, con otros signados por los sentimientos de culpa y justificación benevolente del accionar abusivo. Esto es, en gran medida, consecuencia del continuado proceso de seducción y frustración instrumentado,  al que me referí en otras oportunidades, y mediante el cual el líder abusivo pretende sostener a sus víctimas en una suerte de limbo emocional, totalmente desprovistas de seguridad yoica. La superación de esta mirada escindida de la figura del agresor es uno de los  objetivos terapéuticamente necesarios para posibilitar el progresivo quiebre del vínculo de dependencia otrora establecido.